sábado, 20 de julio de 2013

Walter Benjamin y su lectura del futuro a contrapelo. Publicado en Cuadernos de Filosofía Latinoamericana Vol. 33 No. 107 julio-diciembre 2012. por la Universidad de Santo Tomas en Bogotá Colombia.

1. Las revoluciones actuales y la tecnología:
Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo; así abría Karl Marx su manifiesto del Partido Comunista en el año de 1848.[1] Más de un siglo y medio después podríamos nosotros decir que un fantasma recorre el mundo; pero en esta ocasión es un fantasma que viaja a través de las redes electrónicas y gracias a los desarrollos tecnológicos en materia de comunicación. En los últimos meses hemos sido testigos de una nueva revolución social; cientos de miles de “inconformes” se están manifestando contra los sistemas políticos, las injusticias sociales y los programas económicos neoliberales.
             Lo que ha caracterizado a estos levantamientos es la forma en la que la población ha sido convocada, en todos ellos los medios de comunicación más avanzados se han puesto al servicio de las protestas; nos referimos a Internet y la telefonía celular, y a todas las herramientas que proveen como coreos electrónicos, twiter, face book, you tube, cámaras,  etc.… Por otro lado hemos sido testigos de cómo a partir de una reproducción del material transmitido por Internet se ha exhibido al sistema oculto detrás de los acuerdos políticos y la diplomacia en lo que conocemos como Wiki leaks.
            Estamos siendo testigos de algo insólito que no terminamos de comprender, inmediatamente aplaudimos la existencia de estos recursos y queremos ver en su instrumentación una expresión de las fuerzas democráticas, lo cual en parte es cierto, pero al mismo tiempo podemos observar como estos mismos medios se utilizan para controlar y vigilar. Los sistemas policíacos ya pueden invadir nuestra privacidad gracias a su acceso a estos bancos de información, millones de seres humanos estamos “capturados” y podemos ser localizados con facilidad. En las fronteras los muros electrónicos se vuelven cada vez más eficientes impidiendo el libre flujo de personas. Al acceder a las redes electrónicas y compartir nuestra información personal nos exponemos a ser objetos de estudio para los grandes consorcios que nos convierten en consumidores de sus productos.  Esta dialéctica emancipación-sometimiento o libertad-sujeción, está acompañada de mucha violencia que en ocasiones nos es difícil de identificar pero siempre está presente.
            Para analizar este fenómeno de actualidad presentaremos lo que en  el año de 1936 vislumbró Walter Benjamin como una prognosis y que dejó asentada en un trabajo que tituló La Obra de Arte en la Época de su Reproductibilidad Técnica.
2.     La interpretación marxista de Benjamin: Una acotación antes de entrar con Benjamin: Vivimos en una época en la que ya no es filosóficamente correcto recuperar las teorías de Marx para el análisis social, el fracaso del sistema político que decía operar de acuerdo a está teoría se utiliza como prueba de la supuesta falla de las propuestas del pensador alemán. Nos permitimos ir en contra de lo filosóficamente correcto y recuperar el pensamiento marxista como herramienta para comprender el sistema capitalista, es en este sentido que abordamos la interpretación que hace Walter Benjamin. El abre el texto arriba señalado con la siguiente afirmación:
Cuando Marx emprendió el análisis del modo de producción capitalista éste estaba en sus comienzos. Marx dispuso de tal manera sus investigaciones, que éstas adquirieron un valor de prognosis. Descendió hasta las condiciones fundamentales de la producción capitalista y las expuso de tal manera que de ellas se podía derivar lo que habría de esperarse más adelante del capitalismo. Se derivaba que del mismo se podía esperar no sólo una explotación cada vez más aguda de los proletarios sino también, finalmente, la preparación de las condiciones que hacen posible su propia abolición.[2]

            En la lectura que hace Benjamin de Marx nos dice que el estudio profundo de la manera en la que opera el sistema capitalista de producción permite avizorar, de alguna manera, ciertas características de la sociedad por venir, entre estas la dinámica de la explotación y de los recursos que se tendrán para terminar con ella. Es a este movimiento contra la lógica del tiempo al que hemos definido como “peinar el futuro a contrapelo” recogiendo la tan conocida expresión que utiliza Benjamin en sus Tesis sobre la filosofía de la historia donde nos invita a “peinar la historia a contrapelo”.
3.     Sobre el concepto de superestructura: El autor parte de un análisis de uno de los conceptos centrales de Marx, en el prólogo escribe: “El revolucionamiento de la supraestructura avanza mucho más lentamente que la infraestructura, ha requerido más de medio siglo para hacer vigente en todos los ámbitos culturales la transformación de las condiciones de producción”.[3] Para Marx las relaciones concretas de producción van determinando las otras esferas de la vida social, a las primeras denomina “infraestructura” y a las segundas “superestructura” para explicar estas afirmaciones pongamos algunos ejemplos.
             En una economía de carácter agrícola las relaciones concretas de producción tienen que ver con el trabajo específico de la siembra y la cosecha, donde se explota la mano de obra de los que participan en este proceso; esto corresponde a la infraestructura. Esta actividad depende del clima y las estaciones del año, encontramos estonces saberes ligados a la meteorología,  rituales donde se adoran a deidades que representan los elementos naturales como el Sol y la lluvia, y un arte que reproduzca este culto por la materia; estos últimos están en el ámbito de la superestructura. Podemos ver algo similar con la actividad de los pastores que dependen de la crianza de los animales, mientras que esta actividad en sí refleja la infraestructura; el desarrolló del cuidado de la vida, la exploración topográfica, el pensamiento en un Dios que es nuestro pastor, y el desarrollo de la música, corresponden a la superestructura.
            En este sentido Benjamin entendió que el elemento de la infraestructura capitalista consiste en la explotación por medio de la reproductibilidad técnica, lo que podría definirse con otras palabras como producción masiva por medios tecnológicos. Lo que sostiene es que este tipo de economía tendría que desarrollar una superestructura que opere de acuerdo a esta racionalidad, es decir por medio de saberes, cultos y valoraciones estéticas que reflejen esta condición. Cuando nos menciona en el año de 1936 que paso medio siglo desde los escritos de Marx para que se refleje su teoría en las expresiones artísticas, es porque va a sostener que podemos encontrar en el cine, que en esa época iba surgiendo cada vez con mayor fuerza, la expresión superestructural de la economía capitalista.
4.     El cine y el culto a la reproductibilidad
Para comprender mejor o anteriormente expuesto veamos como explica Benjamin la situación del arte antes del cine. Según nos comenta: “Sería posible exponer la historia del arte como una disputa entre dos polaridades dentro de la propia obra de arte, y distinguir la historia de su desenvolvimiento como una sucesión de desplazamientos del predominio de un polo a otro de la obra de arte. Estos dos polos son su valor ritual y su valor de exhibición[4].
            El ritual nos remite al momento del mismo animismo cuando, por ejemplo, se pintaba en las cuevas a los animales que se iban a cazar par intentar, por eso medio protegerse de ellos. En esta situación vemos como hay un miedo mágico a la imagen a la que se teme y por lo mismo su observación queda reducida a unos cuantos. El de exhibición va en el sentido contrario tiene que ver con una manera de controlar por medio de la trasmisión de esa fuerza mágica o ritual. Los sacerdotes utilizan la representación como forma de extensión de su poder.
            El resultado de está dialéctica es la creación de lo que Benjamin denomina “aura” es ese hálito sacro que depositamos en la obra de arte, nuestra veneración del aquí y el ahora que encontramos al postrarnos frente a la reproducción original de la Mona Lisa de Da Vinci o al escuchar en vivo a los Caifanes después de diecisiete años de separación.  No importa que el cuadro original este todo deslucido y agrietado o que las voces y sonidos de los interpretas ya estén gastados por el tiempo; lo que se convierte en un elemento de placer estético es el sentirnos frente a lo original en un culto extraño a la exhibición de lo auténtico.
            Lo que sucede con el cine es que recoge el elemento ritual, potencializa el de exhibición, y cambia por completo los valores estéticos. Benjamin lo explica así:
Se puede resumir estos rasgos en el concepto de aura, y decir: lo que se marchita de la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica es su aura. Es un proceso sintomático; su importancia apunta más allá del ámbito del arte. La técnica de reproducción, se puede formular en general, separa a lo reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar sus reproducciones, pone, en lugar de su aparición única, su aparición masiva. Y al permitir que la reproducción se aproxime al receptor en su situación singular actualiza lo reproducido.[5]
           
            La reproducción masiva de la imagen de la Monalisa o de las canciones de los Caifanes termina con el “aura”, desplaza el culto a la misma capacidad reproductiva y se o lleva a las masas. Los consumidores tenemos copias de las grandes obras maestra, reproducimos la música en cualquier aparato, tenemos la figurita barata de la escultura del “pensador” hecha de Rodin en el baño de la casa, lo que nos ha sucedido es que adoramos la capacidad de reproducción, nos sentimos participando de un derecho de señores.
            En el cine no hay copia original, las escenas son fabricadas, los personajes actúan y los efectos especiales simulan realidades, lo que disfrutamos en el cine es su capacidad de engañar de enajenar. Somos los espectadores de un proceso en el que somos cómplices, asistimos a la destrucción del “aura” como un triunfo y nos dejamos sujetar por esa misma máquina trituradora.
5.     Reproductibilidad y control
            Lo que ha sucedido es que la economía capitalista ha colocado su capacidad reproductiva como un ídolo para ser admirado y adorado, nos sentimos fascinados con las ventajas que esta reproductibilidad técnica nos ofrece, veneramos la eficiencia, nos congratulamos con la comodidad, y nos volvemos embajadores del progreso técnico. Lo que nos comenta Benjamin es que a final de cuentas “besamos la mano que nos fustiga” adoramos la cosificación masiva de la que somos víctimas, nos enajenamos en el culto de estos nuevos dispositivos. Él lo explica de esta manera: “La proletarización creciente del hombre actual y el alineamiento también creciente de las masas son dos caras de uno y el mismo suceso. (...) El fascismo ve su salvación en que las masas lleguen a expresarse (pero que ni por asomo hagan valer sus derechos).”[6] La reproductividad técnica permite que las masas se expresen, millones de usuarios de Face book son la prueba concreta de este fenómeno, está compañía hace billones de dólares satisfaciendo la necesidad masiva de comunicarse, los usuarios sienten que se expresan, se sienten leídos, se sienten importantes pero la maquinaria los controla y maneja, les abre las opciones de participación pero al mismo tiempo los censura y controla como parte del “operativo lúdico”.
            La reproductividad técnica utiliza el cine, el radio y la televisión para enajenar, el Internet para vigilar y archivar información, los celulares se han convertido en pequeños transmisores de lo que pensamos y decimos y permite que se borre la frontera entre lo público y lo privado, en el microbus vamos escuchando lo que platican los otros pasajeros, de sus vidas privadas.  El “Gran hermano” del que hablaba Orwell en su texto 1984 se opera desde estos mecanismos.
6.     Reproductibilidad y emancipación
Pero como todo proceso dialéctico al mismo tiempo que se instrumentan mecanismos de control se abren las posibilidades de revertir sus efectos e incluso de desbordarlos a esto se refería Benjamin cuando afirmaba que:
El cine sirve para ejercitar al ser humano en aquellas percepciones y reacciones que están condicionadas por el trato con un sistema de aparatos cuya importancia en su vida crece día a día. Al mismo tiempo, el trato con este sistema de aparatos le enseña que la servidumbre al servicio del mismo sólo será sustituida por la liberación mediante el mismo cuando la constitución de lo humano se haya adaptado a las nuevas fuerzas productivas inauguradas por la segunda técnica.[7]

            La fuerza emancipadora en el sistema capitalista, según lo entendía Benjamin, no consistía en reconstituir el “aura” como lo pensaban algunos artistas y teóricos del arte, de lo que se trata es de estar un paso adelante y aprender a impulsar el cambió por medio de la reproductividad técnica. Benjamin hablaba de un cine revolucionario, nosotros podemos hablar de una democratización de las redes sociales y de escapar a la censura de los gobiernos por medio del uso de los celulares y de sus cámaras, tal y como está sucediendo hoy en día.
7.     Conclusiones
Más de setenta años después de que Benjamin escribiera su ensaño sobre La obra de arte en tiempos de la reproductibilidad técnica vemos como los cambios sociales se van gestando a partir del uso masivo de estos medios, como comentábamos al inicio de esta exposición, en esta suerte de ontología del presente, las personas se rebelan contra los sistemas autoritarios por medio de las herramientas tecnológica producidas por el capitalismo así como los sistemas de control operados por el mismo sistema.
            Las personas han aprendido a pensar de acuerdo a esta racionalidad pero no están dispuestos a someterse a su manipulación. Para concluir podemos afirmar que desde el pasado Walter Benjamin describió lo que podría suceder y está sucediendo en una suerte de profecía materialista de la historia, mirando el pasado a contrapelo es posible también abrir el horizonte de la imaginación y hacer un bosquejo plausible del porvenir.



[1] Karl Marx, Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú 1982. p. 29
[2] Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica, Traducción de Andrés E.Weikert, Introducción de Bolívar Echeverría, Itaca, México, 2003. p. 37
[3] Ibidem.
[4] Ibid. p. 52
[5] Ibid. 44
[6] Discursos, p. 57
[7] Bolivar 57.

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